Por qué votar?
Los candidatos de las Primarias no son buenos candidatos. Tienen sus virtudes; algunos sus pecados; pocas aptitudes; y, por último, otros tienen poco consenso. Al frente del tablero de ajedrez, están cuatro candidatos, tres de ellos con mucha pantalla y redes. Dios mediante, después del domingo, se define un candidato oficialista, más los de la oposición y deberán aparecer los independientes para abrir el abanico.
Lo que se juega en estas Primarias es elegir al mejor candidato que vaya a pelear los votos al centro y centro derecha para la Segunda Vuelta. El poder de la izquierda está en que tiene todos los ministerios y medios del Estado, en la otra vereda, el poder económico y casi todos los medios de comunicación. Al resto de los candidatos les queda cruzar “El desierto de los Tártaros”.
Pero, más allá de eso, hay en toda elección el deber cívico de responder al llamado a la participación en aquellos actos que redundan en el bien común. Ir a votar es ser comunidad, es participar en construir el lugar donde vivimos. Eso es la democracia: una instancia en la que me hago parte y cargo en mi deber como ciudadano.
Y, además el acto de votar, el rito democrático, tiene que ver con el preguntarnos ¿qué país queremos? ¿Qué proyecto tiene tal o cual candidato para el país, para el futuro? No se habla ni de salud ni de educación ni seguridad social. Solo temas de delincuencia, narcotráfico, pero nada de un proyecto a mediano o largo plazo. Muchas candilejas y Agenda Setting.
La democracia no se puede dar por garantizada. Por eso se debe ejercer el voto pues nos otorga el derecho a participar activamente en la configuración de nuestro futuro colectivo. Es un ejercicio de civilidad que faculta a las personas para que tengan voz en los procesos en que se toman decisiones, para hacer oír la voz de los ciudadanos y así también, defender los principios de igualdad, garantizar nuestros derechos y libertades individuales, controlarlas cuentas de las instituciones. Al votar, expresamos nuestra postura sobre los temas importantes e influir en las políticas que llevan nuestros gobiernos y configura de manera colectiva el futuro que queremos construir. Por sobre todo, perpetuar nuestros valores democráticos para las próximas generaciones.
Los candidatos solo los vemos hablando del pasado y del presente, casi nada que hable de un proyecto común e integracionista, no queremos más de esa política de revanchas y de protección de prebendas. Necesitamos de nuestros políticos esa decencia, probidad y prudencia que lucen los políticos suecos, necesitamos un Chile para todos y con todos.
Citando a Humberto Maturana, en su ‘Emociones y lenguaje en educación y política’, éste señala que la actual tragedia de nuestro país es no contar con un proyecto de país. Y recuerda que:
“Yo estudié para devolver al país lo que había recibido de él; estaba inmerso en un proyecto de responsabilidad social, era partícipe de la construcción de un país en el cual uno escuchaba continuamente una conversación sobre el bienestar de la comunidad nacional que uno mismo contribuía a construir siendo miembro de ella. No era yo el único. En una ocasión, al comienzo de mis estudios universitarios, nos reunimos todos los estudiantes del primer año para declarar nuestras identidades políticas. Cuando esto ocurrió, lo que a mí me pareció sugerente fue que, en la diversidad de nuestras identidades políticas, había un propósito común: devolver al país lo que estábamos recibiendo de él. Es decir, vivíamos nuestro pertenecer a distintas ideologías como distintos modos de cumplir con nuestra responsabilidad social de devolver al país lo que habíamos recibido de él, en un compromiso explícito o implícito, de realizar la tarea fundamental de acabar con la pobreza, con el sufrimiento, con las desigualdades y con los abusos”.
Ese proyecto que tuvimos alguna vez, se perdió. Puede que el Neoliberalismo haya destruido cualquier vestigio de Socialismo, pero raya para la suma, en esta cirugía mayor que vivió el país, fuimos vaciados de la idiosincrasia, la solidaridad y del espíritu que nos caracterizaba como nación. El ethos, vaciado y vacuo producto de una competencia desenfrenada y que, junto al paraíso del consumo, no alcanzan a darle sentido y razón a nuestra existencia. Hay en nuestro ADN un ánimo competitivo, pero también un tipo de empatía social que no tolera del todo el orden político y social imperante que genera pobreza, desigualdades, “y sufrimiento material y espiritual”, como dice Maturana.
Falta ese sentido de pertenencia, ese que se arraiga cuando construyes el futuro en comunidad, con todos. Lo que vivimos ahora es una copia feliz del infierno para millones de habitantes que sobreviven este presente y sin expectativas de futuro ni oportunidades para sus hijos.
Frente a un mundo cada vez más interconectado, aparecen en el horizonte muchos desafíos que trascienden nuestras fronteras y que exigen soluciones colectivas. Cada vez hay más ejemplos que los colectivos y las asociaciones locales toman las riendas de dar respuesta a las necesidades que no satisface el Estado. Un voto informado y participativo permite elegir a candidatos/as que se ajustan a los valores y prioridades, determinando la dirección política del país o la región en que vives., e impulsar el cambio social, fomentar los derechos civiles, la justicia social, promover la participación, el compromiso para conformar el futuro de sus comunidades y países.
Ir a votar es incidir y participar en lograr ese futuro con las pocas herramientas de participación que nos da esta democracia.
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DDV
Diario Digital RESUMEN, Concepción: https://resumen.cl/articulos/cuando-humberto-maturana-hablo-de-educacion-a-fines-de-la-dictadura-civico-militar
Imagen: Universidad de Playa Ancha, NOTICIAS, Dirección General de Comunicaciones.